¿Cuántas veces has culpado al equipo por no entregar resultados, sin preguntarte si realmente les diste las herramientas y claridad que necesitaban? La verdad incómoda es que la mayoría de los problemas de desempeño no son de capacidad, sino de comunicación. Antes de cambiar personas de posición o pensar que no son las indicadas, necesitas revisar si estás comunicando con claridad qué esperas de ellas, por qué es importante y cómo lo van a lograr.
El primer hábito es establecer expectativas cristalinas desde el inicio. No asumas que tu equipo entiende lo que necesitas; especifica metas claras, plazos realistas y criterios de éxito medibles. El segundo hábito es dar retroalimentación constante y constructiva, no solo en reuniones anuales, sino en conversaciones regulares que generen confianza y mejora continua. El tercer hábito es escuchar activamente los obstáculos que enfrentan; muchas veces el bajo rendimiento es síntoma de barreras que solo tu equipo ve desde su posición.
Hoy mismo puedes empezar: programa una conversación uno a uno con cada miembro de tu equipo y pregúntales qué necesitan de ti para desempeñarse mejor. Anota sus respuestas sin juzgar. Luego, compromete acciones específicas para los próximos 7 días. Recuerda que invertir en comunicación clara es invertir en el éxito de todos. La transformación no está en cambiar gente; está en cambiar cómo te comunicas con ella.